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Link to original article (Prensa Latina): http://prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&idioma=1&id=4654971&Itemid=1 

Ginebra, 1 mar (PL) Alfred de Zayas, experto independiente de Naciones Unidas para la Promoción de un Orden Internacional Democrático y Equitativo, señaló la instrumentalización del tema de los derechos humanos por parte de algunos Estados.

Los Estados ratifican convenios de derechos humanos, tratados vinculantes en derecho internacional y luego los ignoran con impunidad, expresó durante un intercambio con Prensa Latina.

Es más, adoptan otros tratados, en particular de inversión y comercio, que tienen como consecuencia que las obligaciones que surgen de los tratados de derechos humanos no se respetan, remarcó.

A su juicio, algunos Estados usan dicho tema para desprestigiar a otros, instrumentalizando las normas de derechos humanos como armas de destrucción masiva contra Estados donde se quiere cambio de gobierno.

Corresponde al Consejo de Derechos Humanos condenar este comportamiento deshonesto y a la sociedad civil no jugar el juego de “los buenos y los malos. Tal parece que la vergüenza era verde y se la comió una chiva”, subrayó de Zayas.

Enfatizó que existe un irrespeto oportunista e incoherente. Se aplauden resoluciones contra ciertos países, y se rechazan resoluciones que critican las políticas propias o aquella de los aliados y amigos. Lamentablemente es una práctica muy generalizada. “Yo la denomino derechos humanos à la carte”.

El experto también recalcó que la prohibición del uso de la fuerza es derecho vinculante estipulado en la Carta de las Naciones Unidas. El derecho humano a la paz es primordial y habilita a todos al goce de los derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales.

Lamentablemente, apuntó, el grupo de trabajo a cargo de redactar una declaración sobre el derecho individual y colectivo a la paz no terminó su labor, puesto que fue saboteado constantemente.

Otro grupo de trabajo continuará la labor en julio, pero hay que olvidarse del consenso, porque la mala fe ya demostrada no va a desaparecer de un día al otro, añadió.

Las guerras constantes tienen su origen en graves injusticias sociales y económicas -tanto internas como externas- y en consideraciones geopolíticas, económicas, y de avaricia, acompañada por la intransigencia penetrante de algunos, concluyó.

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